Firma la columna Sergio Vainman, Vicepresidente de Argentores

Firma la columna Sergio Vainman, Vicepresidente de Argentores

¡Cuántos  problemas generan las confusiones!

Confundir el azúcar con la sal, nos obliga a tirar una buena taza de café al haberla convertido en un brebaje intomable. O confundir una línea de colectivo con otra, podría alejarnos tanto de nuestro destino que terminaríamos en un barrio desconocido y quizás a una hora inconveniente. 

Por eso siempre debemos cuidarnos de caer en confusiones, sobre todo las importantes, como la de Telefé con la fiesta de lanzamiento de su nueva producción Sandro de América y la gacetilla de prensa con que la acompañó donde no figura, en ninguna línea, el nombre de los autores de la serie mencionada. 

Como los productores eran los dueños de la fiesta y tenían el derecho de invitar a quien les daba la gana, pensaron que lo mismo ocurría a la hora de redactar la gacetilla y  presentaron en el escrito lo que les pareció y no lo que en realidad debían hacer de acuerdo a la ley y a los contratos que ellos mismos firmaron. Aparecen los nombres de trece actrices y actores, el nombre del director,  de las productoras involucradas, de la colaboración del INCAA, pero da la impresión de que la serie no ha sido escrita por nadie y surgió de la generación espontánea, o quizás sea una obra anónima, o tal vez haya caído del Cielo grabada en piedra. Evidentemente hay una confusión grave a la hora de consignar los datos, porque algunos de ellos deben figurar obligatoriamente. No es lo mismo hacer una reunión privada en tu departamento con los invitados que se te ocurran, que pagar las tasas municipales mensualmente. En un caso tenés opción, en el otro no.

Dice textualmente la gacetilla: “Telefé presenta Sandro de América, La serie, que cuenta la vida del reconocido y querido...”.  Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua el verbo “contar” (del latín computare)  en su segunda acepción es: “referir un suceso verdadero o fabuloso”. Sería ocioso agregar que referir es dar a conocer algo, ya sea oralmente o por escrito. Contar es, en términos habituales, relatar, narrar. De ahí proviene la palabra cuento.

Más adelante sigue la gacetilla: “La historia muestra cómo su carisma y talento musical lo ayudaron a...”  Nuevamente recurrimos al diccionario, fuente inagotable de sabiduría y nos dice que “historia”, en este caso,  alude a la sexta y séptima acepción: “relación de cualquier aventura o suceso/narración inventada”.

Tanto en “contar”, como en “historiar”, es más que obvio para cualquier mortal (a excepción de Telefe, MagicEye y General Video,productores del programa) que entre el vacío absoluto de la pantalla en blanco y el cuento,mediauna acción humana que modifica la nada del principio para convertirla en guión televisivo, piedra basal de cualquier serie e instrumento indispensable para construir un producto audiovisual. Las máquinas no cuentan ni hacen la historia. Lo hacen seres humanos de carne, hueso, nombre y apellido. Sin embargo - producto de la “profunda confusión” que los productores tienen con respecto a la visibilidad de los autores - como Esther Feldman, MariselLloberas, Joaquín Bonet y Mariano Vera no estuvieron invitados a la fiesta, tampoco aparecieron donde sí debían hacerlo: inmediatamente después del nombre de la obra de la que son autores. Así lo establecen los arts. 22 y 52 de la Ley 11723, la jurisprudencia resultante de su aplicación y, en este caso, también los contratos firmados entre la productora y los autores. 

La confusión redunda, pues, en una violación de disposiciones vigentes y ya es hora de que estos “olvidos” terminen. No puede un productor, por más grande y multinacional que sea, incumplir normas elementales como si éstas estuvieran sujetas a su capricho. Las leyes de orden público y los acuerdos privados  - que para las partes son ley - están redactados para ser obedecidos por todos, como el pago de las tasas municipales. 

No pedimos, en este caso, el favor de que nos tengan en cuenta, no solicitamos una gracia del poderoso para que se digne a nombrarnos si le viene bien, sino que exigimos lo que nos corresponde como sujetos de derecho y, sobre todo, como eslabón fundamental en la cadena de valor del audiovisual, porque pese a los olvidos y la confusiones, los que contamos la historia seguimos siendo necesarios para que haya en el aire series como Sandro de América.

Pueden intentar invisibilizar nuestra presencia, tratar de ningunearnos, no invitarnos a las celebraciones, pero no pueden prescindir de nosotros porque, como sostenemos en  Argentores, sin autor no hay obra ni fiesta de lanzamiento.”