Justa respuesta de Sergio Vainman a una periodista

Justa respuesta de Sergio Vainman a una periodista

“Despuntar el vicio es una expresión que se usa, indistintamente como “satisfacer un deseo” o bien, “hacer algo en pequeña escala”. 

En ambas acepciones implica un grado de estimación bajo hacia la tarea que se está realizando, algo así como el escalón inferior de cualquier trabajo, el que se hace casi por hobby, por no tener nada más importante para hacer o, sencillamente, para perder el tiempo. 

Es, en definitiva, una forma peyorativa de calificar una labor determinada, porque a qué resultados dignos se podría llegar despuntando vicios.

En una entrevista a la autora Marisa Grinstein publicada en la sección Spot del diario Clarín del lunes 9 de octubre, la periodista que firma la nota  - Mónica Soraci - describe brevemente la vida de la autora, comenta con quién está casada, la edad de su hija y luego agrega: ”...también despunta el vicio de la escritura como guionista de Cuéntame cómo pasó”, la tira que se emite por la Televisión Pública...”.

No sé si la referida periodista habrá escrito alguna vez un guión de televisión o si al menos está enterada del trabajo de un guionista. 

Desconozco si lo ha hecho o si alguien le informó qué implica escribir guiones, pero me atrevo a asegurar que no, porque de ser así, jamás habría empleado un modismo tan poco feliz a la hora de presentar a una guionista y a su tarea, salvo que la anime un prejuicio acerca de la calidad de la labor de los autores televisivos.

Despuntar el vicio como sinónimo de escribir guiones puede querer decir varias cosas, ninguna de ellas agradable para aquellos que nos dedicamos a esta profesión. En este caso parece surgir, básicamente, de la comparación con las otras actividades de la autora, que además de haber ejercido en el pasado el periodismo como actividad, también se dedica a la narrativa y acaba de publicar su primera novela, motivo principal de la entrevista. 

Estas últimas – el periodismo y la literatura - deben ser, para la mirada de la entrevistadora, las profesiones en verdad destacables de Marisa Grinstein, mientras que escribir guiones de una “tira” es algo que simplemente hace para practicar dactilografía, amortizar el costo de la computadora, reemplazar las clases de bonsái, esperar el turno en la peluquería o porque está aburrida, que serían sólo algunas razones que la motivarían a “despuntar un vicio”. 

Es verdad que los guiones televisivos no tienen un lugar en el Olimpo literario, es cierto que los guionistas no aspiramos a que la Real Academia Sueca nos premie con un Nobel de Literatura, es real que el guión - como la crisálida muta en mariposa - está destinado a desaparecer para convertirse en parte de la obra audiovisual, pero de ahí a decir que escribirlo es despuntar el vicio no es solamente incorrecto sino también ofensivo. 

Incorrecto porque escribir guiones es un trabajo, una profesión que implica una preparación determinada, dedicación completa y un resultado del cual dependen todas las demás personas y funciones que integran la cadena de valor del audiovisual. 

No es un vicio que alegremente se despunta mientras se busca una actividad digna de mérito para esta periodista, sino que se trata de una labor que se realiza en nuestro país bajo condiciones de altísima exigencia sin una justa retribución y que demanda horas y horas pensando la mejor forma de contar una historia en la pantalla. No sé cuánto tiempo le lleva a Mónica Soraci transcribir la entrevista, pero tengo muy claro como guionista cuánto tiempo me consume terminar de darle forma, estilo y viabilidad de producción a un guión para un programa de una hora, que ha sido mi trabajo desde hace muchos años. 

Y es básicamente ofensivo porque no solamente nos ningunean los productores atribuyéndose en los éxitos méritos que no le son propios, sino que los mismos periodistas especializados consideran que vivimos de despuntar vicios.

El concepto y la palabra vicio – aunque no haya sido esa la intención al emplearlos – tienen un contenido innegable de bajeza e inmoralidad, de cierta personalidad envilecida por desviaciones, de oscuridad espiritual. 

Y aunque sea solamente para despuntarlo en ocasiones, parecería entenderse que la profesión del guionista los contiene. 

Puede ser. 

Quizás tengamos el vicio peligroso de observar las conductas y los errores ajenos y devolverlos hechos palabras.”