Recordamos a un singular y creativo hombre de nuestra tevé; era socio de Argentores desde 1950

Recordamos a un singular y creativo hombre de nuestra tevé; era socio de Argentores desde 1950

Fue el hacedor de un ciclo televisivo, donde en el que cada jornada una comedia de origen teatral se adaptaba para la pantalla chica. La propuesta, generada en un hipotético escenario y con público presente, sobrevivió a modas y logró amplia adhesión. Italiano y expansivo, propietario de una existencia azarosa, astuto adaptador y rápido para detectar situaciones cómicas, recordó para Florencio momentos claves de su carrera y de su propia vida. Recordamos aquí aquel artículo.

“Como si fuera una de sus centenares de obras que durante más de treinta años se emitieron por los canales argentinos cada domingo por la noche, un diálogo con él es una sucesión de enredos, permanentes idas y vueltas en el tiempo, situaciones pintorescas, salidas inesperadas, y siempre disparadas en un italiano aporteñado. Buen humor, ritmo y un anecdotario profuso son parte de la personalidad central de Nino Fortuna Olazábal (Antonio Fortuna, en realidad, , socio de la entidad desde 1950).

Figura central de la pantalla chica de los sesenta y setenta, introductor de un género directo y popular, propietario de un instinto único para extraer autoralmente de un texto largo una síntesis liviana y televisiva, recibió a Florencio en su departamento de la calle Arcos entre premios, fotos tutelares (entre ellas, de su esposa, ya fallecida, la recordada Carucha Lagorio), distinciones múltiples, muebles de época.

Mucho antes de Teatro como en el teatro, el ciclo que produjo con mano firme desde el primer día hasta el último, Nino tiene tras suyo una vida azarosa, intensa y llamativa.

Diremos que nació en Italia, en la región de los Abruzos, en 1922. Pueblo: Avezzano. Madre: Elena. Padre: Angel, ateo, masón y socialista en tiempos de ascenso del fascismo. Adolescencia en la Real Academia de Aeronáutica. La guerra mundial lo encuentra con grado de teniente. En el ´43 – con el conflicto ya perdido para el Eje –, en Roma,  y como se indica en una nota sobre su vida aparecida en un diario porteño “allí, siempre con el uniforme de la Academia pero abandonado a su suerte, participa en el Grupo de Acción Patriótica (GAP), con acciones partisanas comandadas por su antiguo profesor de geometría analítica, que, a su vez, estaba conectado con un obispo cuyo nombre no se mencionaba, pero se suponía: monseñor Giovanni Battista Montini, que después sería el Papa Pablo VI.”. Un contacto con el embajador argentino Ocampo Jiménez le posibilita irse por fin del país. Aquí, tras un inicio durísimo,  funda el Piccolo Teatro Italiano di Buenos Aires, donde, entre 1950 y 1957, monta, y en italiano, infinidad de obras de sus compatriotas. Con el tiempo se anima a presentar piezas en castellano (en el Pequeño Teatro de Buenos Aires, donde ofreció en la noche inaugural  La Mandrágora , de Maquiavelo) hasta que en 1962, a través de un contacto de gran creadora que fue Blackie, accedería a la televisión y tras ello, a un notable crecimiento profesional.

En el comienzo de la charla se referirá hacia el lejano 1950, cuando “de la mano del gran Vaccarezza” ingresó como socio a la entidad. Luego, el emblemático ciclo aparecerá en la conversación. Nino habla de los “cuarenta años en el aire, un record mundial” y de la repercusión internacional del envío y manifiesta haber leído “miles” de comedias. Precisamente, su buen ojo para detectar el olfato del público medio, fue apoyado, según Olazábal, en una rara cualidad. “Es lo que podríamos llamar mi primera mirada, donde intuía si me servía o no. Es decir, la lectura del primer acto era la clave. Si me hacía reír, si me divertía, seguía. Si no, paraba ahí y buscaba otra cosa.” Nino cuenta que su trabajo – esa labor casi de arreglador musical – lo obligaba, cada semana, a sintetizar, a reducir una pieza original de una hora y media a setenta y cinco minutos puros de tevé con sus respectivos y cronometrados cortes. “Eso es lo que era: alguien que tenía la cualidad de aligerar, ir a lo concreto y  desechar con rapidez lo “no interesante” a los fines de una comedia televisiva. Yo era especialista en reducir. “Yo reduzco” decía en aquel tiempo cuando me preguntaban acerca de mi tarea específica.”

“Yo hacía todo, todo – manifiesta- dirigía, adaptaba, hablaba con los actores. ¿Si hoy podría reeditarse aquel programa? No creo. No veo esa raza de actores que yo quería tanto.” Revela entonces que hace meses estuvo reunido con el mismísimo Adrián Suar. El responsable de contenidos de Canal 13 y Nino hablaron largamente. La posibilidad de armar otra vez el histórico esquema fue tratado en un momento...pero, a esta altura de su vida y por propia definición, “dio un paso al costado.”

 

A la hora de consultarlo acerca de cuál fue “su” intérprete, Nino no duda: Ernesto Bianco. “Trabajamos mucho juntos. Era serio, era gracioso, era buena persona. Nunca me voy a olvidar de su trabajo en El vagabundo y la estrella, a principios de los cincuenta en el teatro Smart y que en 1964 llevamos juntos a la televisión e hicimos más de sesenta puntos de rating”. También habló de Inda Ledesma (“La mejor de todas”), del actor Luis Arata (“Extraordinario”) y de Filomena Marturano como su obra preferida en lo estrictamente personal. ¿Y Víttori, su gran socio en tantos éxitos? “Mejor no hablo – dice -; se equivocó. Pensaba que el dueño del éxito era él y no se dio cuenta que el éxito era el programa, el público ahí sentado en la platea, los textos italianos, franceses o argentinos que presentábamos y que eran realmente ocurrentes.”

 

Cuando comenzó todo

En la página 120 del libro Televisión Argentina 1951/1975 de Jorge Nielsen se lee dentro del capítulo que describe los hechos sucedidos en el medio durante 1963: “El 23 de enero se emite Dios salve a Escocia, obra del italiano Nicola Manzari; pocos podían imaginar que la dupla Nino Fortuna Olazábal (productor, puestita, director general, adaptador, quien usaba el seudónimo “Marsus”) y el experimentado Darío Víttori estaba creando una idea sencilla pero eficaz, que cautivaría a una inmensa audiencia durante años. Su título: Teatro como en el teatro. El esquema era simple: una comedia teatral liviana (muchas veces proveniente de Italia) se adapta para televisión, con no más de dos decorados (en general, el amplio living de un departamento), tramas simples, directas, de comedia dramática o drama aligerado, casi siempre con final feliz y moraleja incluida.” Inmediatamente, el investigador rescata los patrones del ciclo: “Un elenco estable donde destaca Víttori, apoyado por figuras invitadas.” Luego, advierte: “Pero, la novedad fue el “representar” una obra de teatro en televisión.” Cita al “hipotético escenario teatral, con público que llenaba el teatro/estudio” y a los actores, quienes eran aplaudidos al ingresar, “todo esto estructurado en actos, con un telón que bajaba ante del corte comercial”.

¿Cuál era la fórmula para lograr altas – altísimas en realidad – cifras de rating? En el texto ya referido, se dice que el propio Víttori siempre hablaba que el secreto era seducir a aquella “nutrida inmigración italiana familiera.” El actor hablaba de “Los “nonos”, los padres o los hijos conformaban una audiencia fiel, que tenía la ocasión de recordar su tierra.”  

En aquel año fundacional, Teatro como en el teatro, ofreció – entre otras- las siguientes obras: El sostén de la familia, de Darthes y Damel; Los ojos llenos de amor, de Abel Santa Cruz; Las d´enfrente, de Federico Mertens; Amor en setiembre, de Bertrán; La carta de mamá, de Pepino De Filippo; Filomena Marturano, de Eduardo De Filippo; No te pago, de Eduardo De Filippo; El drama, la comedia y la farsa, de Luigi Antonetti;  Francisco Caterva, oficial de reserva, de Aldo Benedetti; Paro general, de Achille Saitta y El marido, la mujer y la muerte, de André Roussin.

La lista de actores que participó en aquella temporada fue importante. Podemos citar a Susana Rinaldi, Chela Ruiz, Norma Aleandro, Rodolfo Salerno, Guillermo Bredeston, Perla Santalla, Juan Carlos Altavista, Evangelina Salazar, Maria Aurelia Bisutti, Eva Dongé, Lydia Lamaison, Beatriz Taibo, Fernanda Mistral, Nelly Prince, Aída Luz, Nathán Pinzón y Enrique Kossi.  

 

El amigo de Perón

“En 1954 decidió fundar la Asociación Italoargentina para tener una sala bien armada. Y para comprometer en ello al gobierno fue a ver al secretario de Prensa, Alejandro Apold, quien le dijo, para que se fuera, y con sorna, que sólo le prestaría atención si era amigo del presidente. Pero Fortuna ya estaba dentro de la Casa Rosada; un escribiente anotaba los pedidos de audiencia. Se presentó y logró que lo recibieran "por cinco minutos". Cuando entró en el despacho de Perón lo saludó en italiano y le dijo que había estado “en su casa”. Su casa era el Abruzzo. Perón había pasado tres años de instrucción allí, donde se enamoró de una bella abruzzense con la que se hubiera casado -dijo- si el padre de ella lo hubiera permitido. Hablaron en italiano durante una hora, y el presidente le prometió ir a la función con la que se inauguraría la asociación. Tres meses después, cuando estaba por comenzar la función de Cavalleria rusticana, apareció Perón acompañado de su edecán, el mayor Renner: " Tu non ci credevi ¿no? -le dijo burlón- Uomo di poca fede, aggiunse. ¡Sei capatosta! " (Extraído de artículo aparecido en el diario La Nación en marzo de 2010)

 

 

Aquí, el querido Nino, junto a Beatriz Mosquera, Kity Hallan y José María Paolantonio, durante una “Celebración con autores” realizada en 2015.

 

Fotos: Magdalena Viggiani.