El actor, director y docente falleció a los 71 años; era Socio de Argentores

El actor, director y docente falleció a los 71 años; era Socio de Argentores

Salo Pasik, actor, director y docente, murió a los 71 años. En su necrológica , en el diario Clarín se indica: “Le gustaba ser presentado como “el hermano de Mario Pasik”. No era de gastar su energía en las luchas de cartel ni en el moldeado del ego. Lo suyo no pasaba por la figuración. Pasaba por la verdad del oficio. “No hay mejor frase que ésa de ‘La fama es puro cuento’. Lo hermoso de esto es poder contar el cuentito y que al otro le guste, le haga bien”, así entendía su trabajo Salo Pasik, quien murió, después de unos meses en los que su salud se había vuelto frágil. Ni la Asociación Argentina de Actores ni su familia dieron detalles de su muerte, noticia que sacudió las emociones de sus compañeros de ruta. En Twitter, Juan José Campanella lo despidió con un “Actorazo, gran compañero, enorme humorista, nos dejó hoy. Tenía muchos personajes más para dar. Tristeza”. Graciela Borges escribió: “Querido compañero , te acompañamos desde aquí en tu ida hacia los reinos más altos de la luz”. Y María Carámbula tuiteó: “Qué triste noticia. QEPD Salo. Lindos recuerdos del último papá que tuve en la ficción”. Tipo querido por colegas, público y periodistas. Era un entrevistado interesante, sencillo a la hora de contestar, dispuesto, generoso, memorioso. Un buen interlocutor, con sentido del humor, siempre atento a descubrir las señales de la vida.

Por eso, cuando en 2012 presentaba el unipersonal El contrabajo, en el Auditorio Losada, valoraba el hecho de poder desplegar sus herramientas en el mismo espacio físico en el que, de adolescente, había descubierto su vocación. Contaba que cuando se rateaba del colegio iba “al cine Lorraine, en el que, entre películas de (Ingmar) Bergman, o checas, o joyas de la época de oro de la comedia italiana, me fui enamorando de este oficio”. A 50 años de aquella postal en la oscuridad de la sala, ya sin el cine en pie, celebraba que la actuación lo hubiera devuelto a esa misma baldosa.

Era un romántico Salomón, un hombre que escribía poemas y recurría a la poesía para muchas de sus figuras narrativas. Como cuando compartía que “disfruto mucho de este juego en el cual estamos creyéndonos esta hermosa mentira que, a la vez, se transforma en una gran verdad. Y, de alguna manera, hago lo mismo que hacía de pibe cuando jugaba con la escoba y la convertía en lanza, caballo o princesa. Por suerte en esa época no había televisión y entonces había que buscar la fantasía de cualquier forma”.

De niño creía que iba ser veterinario, por mandato familiar pintaba para arquitecto, pero su deseo de convertirse en uno de esos personajes que lo seducían en la pantalla grande fue más fuerte. Apenas pudo presentó obras caseras de teatro en Hebraica y, en 1971, concretó su debut actoral con El gran acuerdo internacional del Tío Patilludo, bajo la dirección del brasileño Augusto Boal. De ahí en más, paseó su versatilidad por el cine (No habrá más penas ni olvido, Pasajeros de una pesadilla y El hijo de la novia, entre otras películas), el teatro (He visto a Dios o El inspector) y la televisión, en programas como Poliladron, El Rafa, Rincón de Luz o La casa del mar, la miniserie que copratogonizó el año pasado por DirecTV.

Casado con la coreógrafa y docente Silvia Vladimivsky (juntos fundaron la compañía Teatro Fantástico de Buenos Aires), tenía un hijo y un nombre propio que impuso a fuerza de trabajo. Es cierto que era el hermano de Mario, pero, fundamentalmente, era el señor Salo Pasik.” 

Su trabajo no pasó inadvertido, no sólo recibió elogios si no también galardones como los premios Florencio Sánchez y el ACE. En 2004, la Asociación Argentina de Actores y el Senado de la Nación le otorgaron el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable.