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IDA Y VUELTA    
     
   

Viernes 08 de enero 2010 - Entrega Nº 200

Toda la información cada siete días

“IDA Y VUELTA” -  NOTICIAS DERECHO AL AUTOR


   

La entidad / Información general

Entrevista a Roberto “Tito” Cossa

Todos los autores, el autor

El periodista Alberto Catena entrevistó en diciembre al titular de Argentores para la revista Acción. En la charla – que a continuación transcribimos en su totalidad – el dramaturgo se refiere a los grandes desafíos que enfrenta en su tarea diaria en nuestra entidad, a la renovada necesidad de defender el rol del autor, al tema de la “copia privada”, a la voracidad de las empresas productoras y a la ley de servicios de comunicación audiovisual.  

“Figura emblemática de la dramaturgia nacional en los últimos cincuenta años y referente indiscutido de la intelectualidad progresista argentina, Roberto “Tito” Cossa es una de esas personalidades que honran con su prestigio artístico y probidad moral la cultura de un país. Uno de los conductores fundamentales de Teatro Abierto y luchador incansable por los derechos del movimiento teatral, este dramaturgo preside desde hace algunos años Argentores, desde donde ha realizado una importante contribución a la lucha por la recuperación de los espacios perdidos por el autor, no sólo de teatro sino también de cine, radio y televisión. Esa sociedad acaba de confirmarlo en agosto pasado al frente de su Junta Directiva. Creador de algunos de los títulos más recordados de la escena nacional a partir de la década del sesenta, Cossa no daba a conocer una nueva obra desde hace ocho años. Esa racha se rompió este año con el estreno de Cuestión de principios en el Teatro del Pueblo. A esa feliz circunstancia se agregó en 2009 el estreno con mucha repercusión de Angelito y el año pasado de La nona, una de sus piezas claves. De algunos cuestiones relacionadas con la problemática de Argentores, el autor y la cultura del país conversa en esta entrevista que mantuvo con Acción.

- He oído decir que la decisión de seguir al frente de Argentores le llevó su tiempo. ¿Fue así? ¿Y si fue así a qué se debió?
 
- Sí, es cierto. Estar al frente de Argentores exige su dedicación: varias horas de trabajo y mucho gasto de energía física e intelectual. Sobre todo cuando se tiene el propósito, como lo hemos tenido nosotros en la junta directiva durante los últimos años, de devolver a la entidad su antiguo prestigio, la alta calidad institucional que requiere una sociedad creada históricamente para recaudar, administrar y defender los derechos de los autores. Esta organización cumplirá en 2010 sus primeros cien años de vida, o sea que es hija y testigo de la segunda mitad de la existencia de nuestra nación. No es poca cosa. Y tiene una tradición muy rica, decisiva en la protección de los intereses de esos trabajadores intelectuales que son los autores, en muchos casos simétrica a la que tuvieron otras entidades de trabajadores del país en la conquista y defensa de sus derechos. Mi labor como presidente tuvo como antecedente inmediato la gestión que se inició con Alberto Migré como titular de Argentores y siguió, a la muerte de éste, con Ricardo Talesnik en la misma función. Esa conducción abrió una nueva etapa en la entidad que nosotros hemos tratado de seguir profundizando en estos años. Y creo que lo hemos logrado, si bien esa tarea está lejos de haber concluido. Debe ahondarse y perfeccionarse. Frente a ese reto, los compañeros de la junta directiva e incluso un sector de los empleados me expresaron que consideraban importante mi continuidad para evitar que ese proceso, que aun debe completarse, se debilitara. Nunca he creído en los hombres imprescindibles, de modo que mal podría pensar que lo soy. Cada hombre cumple en los momentos en que le toca actuar una función acorde a su talento y capacidad de entrega, por eso en algunas ocasiones su aporte es importante y en otras no, pero ninguna realización trascendente de esta institución puede explicarse sino es en el marco de una voluntad más abarcadora, como es la suma de esfuerzos de todos los integrantes de la junta. Estoy contento con lo que hago en Argentores y me gusta hacerlo, a pesar de que me insume tiempo y energías. Y me alegro de que mis compañeros reconozcan mi trabajo como una contribución a este proceso de hacer mejor a la institución, sea cual sea su relevancia. Pero, lo cierto es que esta embarcación llamada Argentores no navegaría bien si no tuviera muchos remeros.

- ¿Cuáles fueron los problemas sobre los que ustedes actuaron?

- Argentores era, antes de nuestra llegada, una entidad muy desordenada, con focos de despilfarro riesgosos y la presencia de algunos empleados desleales que se aprovechaban de ese desorden. Era una entidad, en cierta medida, a la deriva. Con Migré empezó una nueva etapa de ordenamiento, que como dije después seguimos profundizando. En la actualidad, la institución ha mejorado su andadura institucional, irradia hacia afuera una mucho más sólida y confiable, pero debe avanzar en lo económico, donde se verifica todavía un déficit que, de seguir en el camino que hemos desarrollado, se superará en poco tiempo. El gran desafío de Argentores ha sido siempre el mismo, el de recaudar. Lo que cambiamos nosotros fue la actitud frente al gasto. Ordenamos las finanzas a fin de que se gastara menos y, sobre todo, para que no hubiera despilfarro; que se gastara solo en aquello que es inevitable: los sueldos del personal, la obra social, la prepaga, etc. Todo eso había que seguir pagándolo, pero evitamos las erogaciones innecesarias. Hoy se recauda más y se gasta menos, pero de todas maneras no hemos llegado al equilibro ideal.

- ¿Una de las fuentes en las que ustedes confían para mejorar sus ingresos es la imposición de un canon a la llamada copia privada, no es cierto?

- Sí, ese es un sistema que funciona muy bien en varios países de Europa, aunque como ocurre en todos lados donde se tocan intereses tiene sus opositores. El canon a la copia privada se cobra a los soportes a través de los cuales se concretan los actos de piratería. Como es imposible ir a la casa de las personas que bajan música, películas o lo que sea, y cobrarles los derechos correspondientes, entonces se establece un canon por anticipado y a modo compensatorio a los fabricantes de los soportes sobre los que se graban sin autorización las obras. En Europa ese procedimiento generó buenas recaudaciones. Aquí, una norma así favorecería también a los autores, más a los agrupados en Sadaic que a los de Argentores, porque en música es donde se piratea más. El proyecto para que esta ley se apruebe lo va a presentar el senado Daniel Filmus y está consensuado entre todas las entidades que recaudan y protegen los derechos de autor.

- En nuestro país impera, respecto al derecho de autor, el sistema jurídico napoleónico, que está consagrado por ley. Sin embargo, hay medios como la televisión donde poco a poco ha ido ganando espacio el sistema del copyright, que es de origen sajón. ¿Usted cree que esa situación se va a revertir?

- Debo decir que a veces veo con cierto escepticismo esa posibilidad, pero, como dice el refrán, batalla que no se da se pierde. Y la pelea por recuperar el derecho de autor en la televisión hay que darla sin falta, sin pensar en si la vamos a ganar o perder, porque es de estricta justicia exigir lo que consagra la ley. La posición del autor, así como su antiguo prestigio, se fue debilitando en las últimas décadas de manera notable en la televisión. Esa es una crítica concreta que le podríamos hacer a la gestión de nuestros antepasados en la entidad. Dejaron avanzar demasiado a las productoras, al punto que se perdió el llamado derecho moral, que es el que tienen los autores a que su nombre sea respetado en la difusión de las obras. Y ni que hablar de los derechos económicos, que sufrieron también una merma considerable. Esta lucha por recuperar ese terreno no es sencilla, porque si los autores no se concientizan y encabezan los reclamos de mejora, sino defienden ellos mismos sus propios derechos, el camino se hace muy arduo. Nosotros no somos un sindicato con fuerza gremial suficiente como para detener esas irregularidades o ilicitudes. Podemos denunciarlas y ayudar jurídicamente a los autores a no permitirlas. Pero, para eso, repito hay que contar con el concurso de los propios profesionales de la televisión. No obstante, con el nuevo consejo de televisión estamos tratando de hablar con los autores del medio para ver qué previsiones legales se pueden tomar desde Argentores para evitar que sus derechos sean menoscabados. Y debo decir que si hasta hace un tiempo había en alguna gente un actitud poco receptiva o atemorizada, en estos momentos no pocos autores se expresan con mucha firmeza en defensa de sus derechos. Hace pocas semanas, el Círculo de Autores de Televisión de ficción y no ficción aprobaron una declaración, que la Junta Directiva de Argentores refrendó, expresando su disconformidad ante las inaceptables situaciones de injusticia, asimetría y maltrato que se viene reiterando en el medio en relación a la actividad de los creadores de obras audiovisuales. Y como primera medida se decidió arancelar el proceso de preproducción de la obra -anterior al formato y/o libreto definitivo y anterior incluso al compromiso contractual entre autor y productor- a través del registro de una sinopsis de la obra que permita defender todas las etapas de la obra audiovisual, incluída esta inicial que incluye su génesis. Eso para dejar definitivamente claro que las ideas no son propiedad exclusiva de ninguna persona, que no pueden registrarse y por lo tanto carecen de protección legal. Como se sabe, una práctica consagrada por ciertos productores ha sido la de atribuirse la generación de una idea para justificar la propiedad, aunque sea en parte, sobre el guión. Como solía ejemplificar Alberto Migré, alguien decía quiero hacer una telenovela con el general San Martín cruzando los Andes y por haber formulado esa idea se adjudicaba en parte la propiedad del libro. Un verdadero absurdo. Bueno, ahora el dueño de esa idea debe expresarla en una sinopsis de hasta cuatro páginas, que es un primer desarrollo de la obra mediante adelantos de lo que será su argumento, la descripción de los personajes y de su psicología y la presentación de una suerte de arco dramático general. Dicho resumen, que como es obvio sólo puede escribirlo quien tenga oficio de autor,  se podrá registrar en Argentores y gozará por ese hecho de protección.

- ¿Usted cree que la principal causa de ese retroceso es la voracidad de las productoras?

- Esa es una de las causas, pero también el individualismo de los autores contribuyó a que las cosas empeoraran. Algunos debe de haber pensado que si ellos estaban bien no importaba lo que ocurría con los demás. El otro factor importante que facilitó ese retroceso fue la inacción de la entidad. Debemos ser autocríticos, Argentores dejó pasar cosas. Y cuando algún autor advirtió sobre lo que pasaba no se lo oyó o no se hizo lo que se debía hacer. Por eso, ahora estamos tratando de modificar esa realidad, porque es de estricta necesidad y justicia hacerlo. A veces he oído decir que los reclamos son difíciles porque si el autor protesta los productores lo echan y lo sustituyen por otro. No digo que no haya dificultades, pero no debe ser tan fácil, si un autor es realmente un autor, encontrarle reemplazo.  El autor no es un tipo cualquiera que viene a limpiar la escalera y podemos encontrarle un sustituto a la vuelta de la esquina.

- ¿Y en el teatro qué pasa?

- En el teatro el retroceso del autor es más un asunto de naturaleza cultural. El problema no está en la maldad de los productores. Desde luego, éstos quieren poner en escena obras exitosas y ganar plata, porque tienen grandes teatros que desean llenar. Y esa es su prioridad, después vienen en orden de importancia los actores y más atrás los autores. Digo que el problema del teatro es cultural porque hoy la figura más prestigiosa en el medio es el director, ya no es el autor. Se está pareciendo un poco a lo que ha ocurrido en el cine, ¿no? Uno habla de las películas de Fellini, de Godard, porque ellos como directores construyeron lo que se llama el cine de autor. Los directores de teatro aspiran a lo mismo, aunque no han llegado a ese nivel porque siempre que hay una gran obra detrás, por más que el director sea muy relevante, el texto se hace ver. Pero hay una tendencia y muchos jóvenes se orientan hacia un teatro donde predomina el director en detrimento del texto.  A lo mejor algunos de esos jóvenes autores nacieron más para ser directores que autores, pero como tienen capacidad para escribir y hay un cierto parentesco entre escribir y dirigir, se animan a ser autores. Y no se sabe bien si son directores que escriben o autores que dirigen, como dice Carlos Gorostiza. En el caso de “Goro” él dirigía, pero era claramente un autor de textos que además los dirigía. Pero, con algunos de esos chicos que hacen experiencias de escribir a partir del trabajo del actor pasa otra cosa. Yo también he hecho esa experiencia, pero después de escribir no dirijo, porque no me interesa la dirección. A partir de esa modalidades, el teatro se ha hecho más ceremonial. Vemos espectáculos a menudo atractivos, con buenas ideas, pero en los que el texto, fuera de lo que se ha hecho en escena, no tiene un valor que permita pensar en que esa obra será hecha en el futuro por otra persona, que ese texto perdurará más allá de ese espectáculo. Ocurre un poco como ocurrió con Kantor, que después de él nadie pudo representar lo que hacía en sus obras.

- Muchas de esas obras, y en Kantor es muy claro, ponen mucho el acento en las significaciones conceptuales que ofrece lo visual, lo plástico.

- Es verdad. Y por ese camino se tiende a debilitar la historia. Es un estilo de teatro más críptico, más cerrado, mas quebrado, que apela sobre todo al efecto de la imagen, porque en esta sociedad ha crecido de una manera sorprendente el llamado homo-zapping, el hombre que tiene el poder de modificar la imagen segundo a segundo mediante el control remoto. Y eso ha creado un nuevo tipo de espectador. La televisión ha cambiado la cabeza del mundo, la manera de ver las cosas.

- El italiano Giovanni Sartori lo llama también  el homo-videns, en contraposición a lo que sería el homo-sapiens, el que le da más relevancia al pensamiento que a la imagen.

- Claro, Sartori. Bueno, sin ser sociólogo ni psicólogo, y pensando solo en que el control remoto es un instrumento no muy viejo, que debe tener unos treinta años, vemos que toda una generación de gente joven se ha formado bajo el influjo de ese aparato y del poder que otorga de controlar las imágenes televisivas. Ese poder ha cambiado la mirada sobre la ficción, sobre el entretenimiento. Pero, en el teatro no se puede hacer zapping. Y conste que no estoy descalificando esa mirada, digo que es distinta. Es como la lectura. Yo no puedo leer libros o una obra de teatro en la computadora. Soy de otra generación, necesito el papel.

- En realidad, lo que inquieta de estos cambios no es la aparición de nuevas modalidades, como sería si se lee en el soporte libro o en la computadora, sino que algunos hábitos debiliten el poder de pensar con libertad, con autonomía.

- Eso se ve más claro en el terreno de la información, que tiene una carga exagerada y por lo tanto difícil de procesar. No hay tiempo ni posibilidad de procesar todo lo que se nos  transmite, que a menudo es información trivial, socialmente innecesaria como dicen algunos comunicadores. Hay saturación. Es necesario tener tiempo para procesar lo que se recibe y que esto produzca riqueza de asociaciones. El que no se detiene a pensar lo que se le dice o informa, solo está condenado a repetir.

- Alguien comentaba días atrás que el lector actual se pasa mucho más tiempo descartando información –desde el simple borramiento de los e-mails- que leyendo verdaderamente. Los diarios mismos son hoy tan voluminosos, sobre todo los domingos, que es imposible leerlos por completo.

- Yo estoy habituado a leer el diario desde muy chico porque en mi casa se recibía siempre El Mundo, que era un matutino muy prestigioso donde llegó a escribir Roberto Arlt, Conrado Nalé Roxlo y otros grandes escritores argentinos. Pero, es cierto hay una cantidad de información que es innecesaria. Y, para informarse, lo cual es absolutamente necesario, hay a veces que atravesar primero esa capa gruesa de lo superfluo, de lo que no sirve. Los domingos, por ejemplo, en que recibo dos diarios y una revista, puedo empezar a leer a las 9 de la mañana y terminar a las 3 de la tarde. Son seis horas leyendo información diaria. Y después no es raro que pase a la computadora a ver que hay de nuevo. No me quejo, ese hábito me da placer, pero a veces me pregunto si no sería más enriquecedor leer más libros. Si uno tuviera mucha plata, tal vez lo ideal sería contratar a alguien de confianza que le leyera lo importante y se lo transmtiera. Y entonces lograr de esa forma tener más tiempo para escribir, leer buena ficción. Pero la necesidad de la información domina al hombre de estos días, ni que hablar de mi caso que, por haber sido periodista durante 20 años, tengo una especie de adicción por las noticias.

- Ya que hablamos de información, hace pocas semanas se aprobó en el congreso la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual. ¿Qué piensa al respecto?

- Voy a dar mi opinión personal, no la de Argentores, que participó del proceso de debate de la ley y aportó reclamos para facilitar la presencia en su articulado del autor argentino. No soy experto ni mucho menos en temas comunicacionales, pero creo que lo que se propone la ley es, en principio, muy bueno. La norma tiene como objetivo democratizar el espectro de las comunicaciones, que como se sabe está muy concentrado. Además, todo el proceso de discusión de la ley sirvió para que la gente percibiera bien la fuerza que tienen esos monopolios y cómo reaccionan cuando se le tocan algunos intereses. Acá, en el país, esa reacción se vio especialmente en el grupo Clarín, que mintió con descaro en defensa de su negocio, que son 270 empresas. Pero, realmente, me sorprendió lo que pasó, no es que no supiera que había concentración, pero no había previsto una respuesta tan dura de ese sector. La derecha en América Latina, no solo en la Argentina, libra a través de esos medios una guerra feroz en contra de todo avance progresista. Pasa en todos lados, en Ecuador, en Bolivia, en Venezuela, en Chile, en Brasil. Tal vez en este último país con menos furor por el momento, pero todos expresan el mismo pensamiento refractario a cualquier cambio que afecte los intereses de las grandes corporaciones. En este sentido, el proceso de aprobación de la ley fue revelador pues demostró –además del debate público- esa conducta de los medios de un modo totalmente desembozado. Es un dato a tener en cuenta, porque la mayor parte de la población se informa por esos medios, que son masivos. Clarín es el diario que más vende. Y tiene Canal 13 y los canales de cable. Por eso, que se pueda democratizar el espectro, a fin de que haya más pluralidad de voces, me parece un hecho realmente renovador. Después los detalles de cómo se va a implementar los desconozco. Me da bronca sí que hayamos tenido que esperar 25 años de democracia para que llegar a una ley así. Alfonsín  debiera haber impulsado una ley de medios en el comienzo de su gobierno, tenía el suficiente prestigio para hacerlo. O Kirchner en 2004 o 2005. Esta clase media anodina que nos ha tocado a los argentinos, que mide todo por la situación de su bolsillo en el momento en que está, se encontraba mejor y se hubiera podido aprobar la ley con menos escollos.”


Ida y vuelta
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